jueves, 24 de enero de 2008

CRÓNICA DE UN VIAJE DE VUELTA DE PELICULA

2ª Parte. El aeropuerto de Toronto.


Os suena la peli La Terminal, en la que Tom Hanks se queda atrapado en un aeropuerto? Bueno, pues algo parecido sentimos nosotros en el aeropuerto de Toronto(ntooon Toronto Torontontero Tero ....es que no lo puedo evitar) durante las que fueron las 2h30 más largas de la historia.

Nos habíamos quedado en que bajábamos del avión a ritmo de..........eso.............., pasando del cura ortodoxo, del Michael Jackson de Thriller (que seguía igual) y de La familia y uno más en versión Bollywood. Pues a partir de ahí ya empezamos mal, porque el aeropuerto era enorme y no había ni un cartel. Tampoco es que esperara un luminoso que pusiera "Los de Estella por aquí" pero yo que sé, ALGO....pues nada, por no haber, no había ni un triste cartel de WC...con la falta que me hacía.....de cualquier forma después de un par de amagos de irnos por pasillos que no eran, en los que fuimos inmediatamente interceptados por agentes de seguridad (que por lo visto se esconden tras las esquinas), conseguimos encaminarnos hacia el andén que nos correspondía. Le dimos al de inmigración nuestra tarjetita en la que negábamos haber cometido crímenes contra la humanidad, y contentos y felices nos dispusimos a emprender la última etapa de nuestro viaje...

Pero no iba a ser, ni mucho menos, tan sencillo. Recién pasado el control de inmigración se me ocurre preguntarle a un oficial que a ver dónde tenemos que ir para coger el vuelo a Montreal.
-“De donde vienen ustedes?” –me pregunta, en perfecto ingles.
-“De Frankfurt” –respondo confiado.
-“Ah, muy buenas salchichas…y donde están sus maletas?”
Nada mas pronunciar esas palabras Manolo Escobar dejó paso, en mi cabeza, a la banda sonora de Tiburón.
-“Nuestras maletas? No no, esas van directas a Montreal”.
-“No sir, ustedes tienen que recoger aquí sus maletas, porque este es su puerto de entrada al país, y volver a facturarlas para Montreal”.
Claro, con 16 horas de aviones en el cuerpo, el desfase horario y habiendo comido poco y mal, solo acerté a decir:
- “Esta usted seguro?”.
A lo que, insultantemente seguro de sí mismo, respondió:
-“Ho ho ho –porque los anglófonos, y entre ellos Papa Noel, se ríen así- por supuesto que estoy seguro”.
-“Joder, pero si en Bilbao nos aseguraron…”
Para entonces el oficial ya estaba atendiendo a los siguientes.
-“Oiga…disculpe…OIGA!!
-“Yes?”
-“Es que no se si le he entendido bien; entonces tenemos que volver atrás, esperar a que salgan nuestras maletas y volver a hacer cola para facturarlas?”.
-“Eso es; pero ahora no pueden ir para atrás, porque ya han salido de la zona de tránsito”.
-“¿? Entonces!!??”.
-“Vayan a buscar la oficina de objetos perdidos y allí les explicaran”.
-“Pero es que tenemos que coger otro avión…”
-“Siguiente…”.

La oficina de objetos perdidos del aeropuerto de Toronto(ntooon) está situada al final de un pasillo sin carteles que, sinceramente, cuesta encontrar. No sé si lo han hecho a posta o no, pero no estaría de más poner en un sitio visible una oficina de oficinas perdidas para ayudarte a encontrarla. Porque tampoco ayuda mucho que guarden los objetos perdidos en un sitio que cuesta un huevo encontrar…si ya digo yo que los canadienses son muy suyos…
Allí, tras esperar pacientemente nuestro turno, nos atendió un señor de esos que desempeñan su trabajo a 5 por hora… “Claro” –pensé- “le da igual perder el tiempo porque se lo traen de vuelta a su oficina”.
-“Yes?”
Nuestros nervios estaban ya al borde del desquicie, y mi cara cada vez se parecía más a la de la adolescente árabe del avión con la bolsa de papel radiactiva.
-“Mire usted: nuestras maletas…bla bla bla…porque en Bilbao…bla bla bla…y claro tenemos otro vuelo…bla bla bla…”.
-“Entiendo”
-¿?...“De verdad?”
-No se preocupe. Mire, tienen que rellenar este papel e ir por aquel pasillo hasta que vean una torre azul con un reloj
–a mí eso me sonó a un pírate-y-déjame-en-paz en versión educada con reminiscencias de Alicia en el País de las Maravillas, pero no dije nada-, y una vez allí tienen que esperar a alguien que les acompañara a por sus maletas. Eso si, como van a reentrar en la zona de tránsito no pueden llevar nada encima, así que tienen que dejar aquí sus equipajes de mano y venir a recogerlos después…” –todo esto, claro está, en perfecto inglés.
-…
-…
-…
-…
-“Me lo repita”
Y va el tío y me lo repite. Tal cual. Exigiéndole casi poderes sobrenaturales a la solitaria neurona que me quedaba, intenté retener los datos importantes: “torre azul con un reloj…esperar a alguien…recuperar las maletas…volverlas a facturar…volver a objetos perdidos…y buscar nuestro vuelo………………………….……..no nos da tiempo ni de coña”. Para ese momento yo ya llevaba un rato que sentía que me mareaba, pero ni en el mismísimo Show de Benny Hill hubieran corrido como lo hicimos nosotros por los pasillos en busca de la misteriosa Torre azul del reloj….nada por aquí…..joder cuanta gente….por aquí tampoco….apártese señora que no puedo frenar……tiene que estar por aquí….coño, el ortodoxo; pues no se ha calzado una chaqueta de Reebok el tío……….torre azul, torre azul……..un conejo blanco con un reloj en la mano…..torre azul, torre azul……..OSTIAS, LA TORRE AZUL !! Allí estaba. Maravillosa, esplendorosa, y todo lo bueno que acabe en osa que se os ocurra. Tal era el entusiasmo que me embargo y tal la velocidad que llevábamos que estuve a punto de pasármela de largo a lo Forrest Gump con los brazos levantados cual si fuera la meta de una maratón…THE WINNEEEEEERRRR….

Efectivamente en el aeropuerto de……esa ciudad hay una pequeña torre azul con un reloj, que por lo visto es lugar de encuentro…que digo yo que la podían poner en la oficina de objetos perdidos, para encontrar ya todo de una vez… Bueno, pues nosotros ya habíamos hecho nuestra parte, ya estábamos allí. Y ahora, según me chivaba mi neurona, tocaba esperar a “alguien” que nos iba a acompañar a por nuestras maletas…bueno, pues no os podéis imaginar que “alguien” resulto ser!! Ni el patriarca ortodoxo, ni el Michael Jackson en Thriller…el premio al personaje del día se lo llevo el nota que apareció, a la media hora de estar allí, por el pasillo más oscuro de todos, haciendo girar un manojo de llaves entre los dedos mientras canturreaba alguna típica canción Toronteña. Melena ajada al viento, uniforme de aeropuerto que parecía que había sido mordido una jauría de perros hambrientos, los 40 años que, muy a su pesar, empezaban a quedar ya más lejos que los 50 y en general un aire de vivitore que escandalizaría al mismísimo Papuchi. Desde el primer vistazo lo tuve claro: la versión canadiense de El Gran Levowski. Y me cayó bien. Aunque, todo hay que decirlo, desde el punto de vista de la eficiencia laboral el tipo inspiraba MUY poca confianza.

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