De la ciudad vimos poco, la escusa es que los peques no podian salir bajo cero, pero la verdad es que algún mayor que otro tampoco estaba para ostias
De todas maneras en el palacete pudimos disfrutar de momentos de mucha actividad, donde los pequeños mostruos se dedicaron a jugar en mas o menos armonía
y otros momentos más tranquilos, gracias a Pocoyo y sus amigos, que todos supimos agradecer
Nos dio tiempo de ver algo de naturaleza, en un recorido guiado en coche (que el día no estaba para mas) por vegacervera y sus alrededores y poco mas
La conclusión es que hay que volver por esas tierras, con un poco mejor tiempo y con tardes más largas para saborear (nunca mejor dicho) los rincones de la ciudad