3ª Parte. El Nota.
Tras hacernos esperar otros 20 minutos, que yo aproveche para sentarme y estabilizar los canales semicirculares de mi oído interno, apareció de nuevo El Nota, me quito el papel de las manos y en medio minuto se hizo cargo de la situación.
-“A veeer….entonces tienen que estaaaaar…por aquí. Seguidme, chicos.”
Yo estaba convencido de que había escogido una dirección al azar, pero al menos, después de casi dos horas en La Terminal, nos estábamos moviendo y, en teoría, estábamos cada vez más cerca de las maletas. Fue entonces cuando Su Notísima empezó a desplegar ante nuestros ojos su verdadero poder. El manojo de llaves era su arma mágica, y con él abría cuanta puerta se le ponía por delante. Incluso algunas que no valían para nada: abría, miraba dentro, y decía: “Mejor por allí”, y la volvía a cerrar. Nosotros le seguíamos como los patitos a la mama pata el día de la primera salida al exterior: lo más cerca posible y casi sin mirar a los lados. Pero El Nota estaba en su elemento y se movía con total soltura en un mundo subterráneo de pasillos mugrientos, cuartuchos de mala muerte –con agentes de seguridad que nos miraban como si hubiéramos respondido SI a la pregunta de los crímenes contra la humanidad- y pasadizos que comunicaban galerías que a su vez conectaban las diferentes terminales. En un momento de aquel angustioso tour bajo tierra, incluso creí sentir en mi nuca el aliento de un Nazgul escapado con vida de El Señor de los Anillos. Yo por si acaso, no miré para atrás.
Finalmente, detrás de la puerta número 4357, apareció el gigantesco andén con las ridículas cintas transportadoras que ponen tus maletas a disposición de cualquier avispado. En eso iba pensando yo, más que nada porque las nuestras, de haber salido por ahí, llevarían sin vigilancia como 2 horas. El Nota sacó otra de sus armas secretas, un interferocomunicador de ondas hertzianas con línea directa a los dioses del aeropuerto (vamos, un walkie talkie), e hizo un par de rápidas consultas.
-“This way, guys!”
Por nosotros como si hubiera dicho sus-voy-a-matar-a-palos, no nos pensábamos despegar de él ni un celímetro. Para cuando nos pregunto por el color de las maletas, ya habíamos visto la primera. DIOOOOOOOOOOOS!! Ni El Orgasmatrón de Woody Allen reprodujo jamás aquel placer sublime. “Y la otra? Tiene que estar…. DIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOSSSSS LA OTRA!!!!!!! También está la otra!!”. Las dos maletas en cosa de 10 segundos! Siiiiiiiiiiiiiiii!!!! Rápido, cuánto tiempo queda para que salga el avión? 30 minutos raspados. Eeehhhh….
-“Excuse me! Eeeehhhh We have Eeeeehhh another flight Eeeehhh in 30 minutes”
-“Don´t worry. It’s time enough. Follow me!”
Ooooohh como me gusto aquel Don’t worry. Si me hubieran dicho allí mismo Te ha tocado la lotería no lo hubiera disfrutado tanto. Después de dos horas de intranquilo silencio, en mi cabeza se abrió paso un nuevo compás….el gran Bobby McFerrin cantaba para mí…….
UUuuuhhhhhhh Don’t worry Uuuuuhhhhhh Be happy Uuuuhhuuu
Si te han perdido las maletas, pero El Nota está contigo
Don’t worry Uuuuuhhhhhh Be happy Uuuuuhhhhhh
Ahora ya no cabían dudas. Estábamos salvados. El Nota, Su Notísima, el más grande de los Grandes Levowskis que han existido jamás se hacía cargo de todo. Pasábamos los controles como los pasan los altos mandatarios, a la voz de “Vienen conmigo”. Y yo con el ritmillo en el cuerpo Uuuhh Don’t Worry…Yes!!.
Así llegamos a nuestra penúltima parada. La re-facturación de nuestras maletas. “Esto está hecho!” pensé.
-“Pues nada” –nos dice nuestro ángel de la guarda- “simplemente pongan ahí sus maletas y…”
-“UN MOMENTO!!” –Bobby McFerrin es estrangulado a traición por la música a toda pastilla de Tiburón.
-“Pero qué…?”
No me lo puedo creer. El oficial hijoputa del principio. El que nos soltó todo el rollo en 10 segundos y no nos dijo ni donde estaba la oficina de objetos perdidos.
-“No llevaran ustedes en las maletas algo de comida?”
Comida? Qué querrá decir este tío cuando dice…? Acaso se refiere a…? Fue en ese momento, aprovechando que Los Ocultos de Dark City habían detenido el tiempo, cuando despertó, como por arte de magia, mi neurona.
“Álvaro, NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota. NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota. NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota………………….………NI dos botellas de patxaran. NI dos botellas de patxaran. NI dos botellas de patxaran.”
El reloj volvió a moverse y, saliendo de mi ensimismamiento, acerté a articular, eso sí, en perfecto inglés:
-“No”
-…
-…
-…
-“Está bien, pueden continuar”.
Buffffffff. Por qué pocooooo!! De todas formas, es lo que tiene saber idiomas. Qué bien me salió el No. En ese momento cobraron sentido todos los años de academia de inglés de mi vida……gracias papá, gracias mamá…..
Ahora sí, estaba todo hecho. Nuestras maletas con el medio kilo de jamón ibérico de bellota y las dos botellas de patxarán estaban, por fin, rumbo a Montreal. Jódete hijoputa de aduanero!! Esta vez te quedas sin bocata de jamón para almorzar! Y me acordaré de tí cuando me lo esté pimplando en mi casa!! Mala gente, hombre!
Ni que decir tiene que la despedida del Nota, ya en frente de la oficina de objetos perdidos, fue dura.
-“Si alguna vez vas por España….o por Montreal…..si necesitas un amigo…….QUE TE QUIERO, TIO!!!!”. –Le dí la mano, con toda la efusividad que me permite mi heterosexualidad, y le vi perderse, con su melena al viento, por el pasillo más oscuro del aeropuerto. Volvía a canturrear la misma cancioncilla de la primera vez, pero ahora sí que su melodía llegó a mis oídos. Allá iba, marcando el ritmo con el manojo de llaves, y canturreando en perfecto inglés:
Torontonton Toronto
Tras hacernos esperar otros 20 minutos, que yo aproveche para sentarme y estabilizar los canales semicirculares de mi oído interno, apareció de nuevo El Nota, me quito el papel de las manos y en medio minuto se hizo cargo de la situación.
-“A veeer….entonces tienen que estaaaaar…por aquí. Seguidme, chicos.”
Yo estaba convencido de que había escogido una dirección al azar, pero al menos, después de casi dos horas en La Terminal, nos estábamos moviendo y, en teoría, estábamos cada vez más cerca de las maletas. Fue entonces cuando Su Notísima empezó a desplegar ante nuestros ojos su verdadero poder. El manojo de llaves era su arma mágica, y con él abría cuanta puerta se le ponía por delante. Incluso algunas que no valían para nada: abría, miraba dentro, y decía: “Mejor por allí”, y la volvía a cerrar. Nosotros le seguíamos como los patitos a la mama pata el día de la primera salida al exterior: lo más cerca posible y casi sin mirar a los lados. Pero El Nota estaba en su elemento y se movía con total soltura en un mundo subterráneo de pasillos mugrientos, cuartuchos de mala muerte –con agentes de seguridad que nos miraban como si hubiéramos respondido SI a la pregunta de los crímenes contra la humanidad- y pasadizos que comunicaban galerías que a su vez conectaban las diferentes terminales. En un momento de aquel angustioso tour bajo tierra, incluso creí sentir en mi nuca el aliento de un Nazgul escapado con vida de El Señor de los Anillos. Yo por si acaso, no miré para atrás.
Finalmente, detrás de la puerta número 4357, apareció el gigantesco andén con las ridículas cintas transportadoras que ponen tus maletas a disposición de cualquier avispado. En eso iba pensando yo, más que nada porque las nuestras, de haber salido por ahí, llevarían sin vigilancia como 2 horas. El Nota sacó otra de sus armas secretas, un interferocomunicador de ondas hertzianas con línea directa a los dioses del aeropuerto (vamos, un walkie talkie), e hizo un par de rápidas consultas.
-“This way, guys!”
Por nosotros como si hubiera dicho sus-voy-a-matar-a-palos, no nos pensábamos despegar de él ni un celímetro. Para cuando nos pregunto por el color de las maletas, ya habíamos visto la primera. DIOOOOOOOOOOOS!! Ni El Orgasmatrón de Woody Allen reprodujo jamás aquel placer sublime. “Y la otra? Tiene que estar…. DIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOSSSSS LA OTRA!!!!!!! También está la otra!!”. Las dos maletas en cosa de 10 segundos! Siiiiiiiiiiiiiiii!!!! Rápido, cuánto tiempo queda para que salga el avión? 30 minutos raspados. Eeehhhh….
-“Excuse me! Eeeehhhh We have Eeeeehhh another flight Eeeehhh in 30 minutes”
-“Don´t worry. It’s time enough. Follow me!”
Ooooohh como me gusto aquel Don’t worry. Si me hubieran dicho allí mismo Te ha tocado la lotería no lo hubiera disfrutado tanto. Después de dos horas de intranquilo silencio, en mi cabeza se abrió paso un nuevo compás….el gran Bobby McFerrin cantaba para mí…….
UUuuuhhhhhhh Don’t worry Uuuuuhhhhhh Be happy Uuuuhhuuu
Si te han perdido las maletas, pero El Nota está contigo
Don’t worry Uuuuuhhhhhh Be happy Uuuuuhhhhhh
Ahora ya no cabían dudas. Estábamos salvados. El Nota, Su Notísima, el más grande de los Grandes Levowskis que han existido jamás se hacía cargo de todo. Pasábamos los controles como los pasan los altos mandatarios, a la voz de “Vienen conmigo”. Y yo con el ritmillo en el cuerpo Uuuhh Don’t Worry…Yes!!.
Así llegamos a nuestra penúltima parada. La re-facturación de nuestras maletas. “Esto está hecho!” pensé.
-“Pues nada” –nos dice nuestro ángel de la guarda- “simplemente pongan ahí sus maletas y…”
-“UN MOMENTO!!” –Bobby McFerrin es estrangulado a traición por la música a toda pastilla de Tiburón.
-“Pero qué…?”
No me lo puedo creer. El oficial hijoputa del principio. El que nos soltó todo el rollo en 10 segundos y no nos dijo ni donde estaba la oficina de objetos perdidos.
-“No llevaran ustedes en las maletas algo de comida?”
Comida? Qué querrá decir este tío cuando dice…? Acaso se refiere a…? Fue en ese momento, aprovechando que Los Ocultos de Dark City habían detenido el tiempo, cuando despertó, como por arte de magia, mi neurona.
“Álvaro, NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota. NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota. NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota………………….………NI dos botellas de patxaran. NI dos botellas de patxaran. NI dos botellas de patxaran.”
El reloj volvió a moverse y, saliendo de mi ensimismamiento, acerté a articular, eso sí, en perfecto inglés:
-“No”
-…
-…
-…
-“Está bien, pueden continuar”.
Buffffffff. Por qué pocooooo!! De todas formas, es lo que tiene saber idiomas. Qué bien me salió el No. En ese momento cobraron sentido todos los años de academia de inglés de mi vida……gracias papá, gracias mamá…..
Ahora sí, estaba todo hecho. Nuestras maletas con el medio kilo de jamón ibérico de bellota y las dos botellas de patxarán estaban, por fin, rumbo a Montreal. Jódete hijoputa de aduanero!! Esta vez te quedas sin bocata de jamón para almorzar! Y me acordaré de tí cuando me lo esté pimplando en mi casa!! Mala gente, hombre!
Ni que decir tiene que la despedida del Nota, ya en frente de la oficina de objetos perdidos, fue dura.
-“Si alguna vez vas por España….o por Montreal…..si necesitas un amigo…….QUE TE QUIERO, TIO!!!!”. –Le dí la mano, con toda la efusividad que me permite mi heterosexualidad, y le vi perderse, con su melena al viento, por el pasillo más oscuro del aeropuerto. Volvía a canturrear la misma cancioncilla de la primera vez, pero ahora sí que su melodía llegó a mis oídos. Allá iba, marcando el ritmo con el manojo de llaves, y canturreando en perfecto inglés:
Torontonton Toronto
Torontontero Tero
Toronto Torontontero Tero
Toronto Torontontoooooon………
El de la oficina de objetos perdidos nos devolvió nuestras cosas, fingiendo que las habíamos perdido (la costumbre). Nosotros, a su vez, le dimos las gracias por haber encontrado tiempo para nosotros (aunque creo que no lo pilló) y nos fuimos, ahora sí, a pillar el último y definitivo vuelo que nos llevaría a Montreal.
En resumen, que como decía al principio, el Ulises ese en comparación con nosotros estuvo de vacaciones con todo incluido.
Alvaro
El de la oficina de objetos perdidos nos devolvió nuestras cosas, fingiendo que las habíamos perdido (la costumbre). Nosotros, a su vez, le dimos las gracias por haber encontrado tiempo para nosotros (aunque creo que no lo pilló) y nos fuimos, ahora sí, a pillar el último y definitivo vuelo que nos llevaría a Montreal.
En resumen, que como decía al principio, el Ulises ese en comparación con nosotros estuvo de vacaciones con todo incluido.
Alvaro
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