1ª Parte. El vuelo.
Pues ya estamos otra vez aquí, asentados, descansados y con las pilas cargadas. Y eso que ha costado lo suyo recuperarse de las 20 horas de aviones y aeropuertos, que nos dejaron el cuerpo m-a-c-h-a-c-a-d-i-t-o; si si, como lo oís, 20 horas de casa a casa, me río yo de La Odisea de Ulises....además, cómo no, tuvimos anécdota. Nosotros íbamos con el miedo en el cuerpo de que si el avión de Bilbao salía con retraso, por poco que fuera, podía ser mu malo porque en Frankfurt solo teníamos 1 horita raspada para el cambio de avión...y eso significaba que o nosotros o nuestras maletas se quedaban por el camino. Pero el avión salió a su hora e hicimos el cambio en Frankfurt sin problemas (por cierto, no vimos ni una salchicha, con la fama que tienen...yo esperaba que el nuevo avión tuviera forma de hot dog, o algo, pero na de na). Y como ya estábamos encaminados hacia el nuevo mundo pues, incautos de nosotros, nos relajamos...
Fue ese un momento dulce, en el que ya empezamos a saborear el cambio de aires a que nos hemos acostumbrado en Montreal; ciertos detalles, como poder hablar sin que nadie de alrededor te entienda un pimiento, que tienen un no-se-que que al menos a mí me hacen sentir muy bien. Aunque ese momento en el avión también me conectó de forma extraña con alguna escena de Aterriza como puedas...la familia-numerosa de hindúes en el asiento de delante, el patriarca de la Iglesia Ortodoxa a un lado, con su barba blanca hasta la tripa, su toga negra y su crucifijo de kilo y medio colgando por fuera, la adolescente árabe que, a juzgar por su cara de Michael Jackson en Thriller y por la bolsa de papel llena hasta los topes que llevaba en la mano, me atrevo a decir que era el primer avión que cogía en su vida... En fin, todo iba más o menos rodado, o mejor dicho, volado; incluso nos dieron la grata sorpresa de poner la peli de El Día de la Marmota (alguien se sabe su titulo real??)...peliculón!! Además dio igual verla en ingles porque nos sabíamos los diálogos de memoria...
Bueno, como decía todo iba volado pero pronto nos empezamos a cagar (eso sí, con educación) en los de primera clase, que los teníamos a apenas 2 metros: nos cagamos (con educación) en sus sofás reclinables -los nuestros eran como los de la Estellesa vieja, que os voy a contar-, nos cagamos (con educación) en su cena a la carta -esta vez con el cambio de hora salimos perdiendo y la verdad es que pasamos hambre- y nos cagamos (con educación y, en este caso, también literalmente) en su baño privado -para haceros una idea del nuestro, resolver la siguiente ecuación:
MUCHA GENTE + POCOS BAÑOS + VIAJE LARGO + BEBES A BORDO + GENTE QUE SE MAREA = X
Bueno, pues esa X era nuestro baño, que para cuando sobrevolábamos Terranova no tenía nada que envidiar al de Trainspotting-. En fin, tras hacer de tripas corazón y de espalda acordeón (hasta rima, je) y tras comentar lo poco que han cambiado las cosas en cuanto a diferencias sociales desde los tiempos del Titanic, nos dimos cuenta, llenos de gozo, que estábamos ya sobrevolando Toronto...qué bonito....quien nos iba a decir hacía unos meses que íbamos a ver, a vista de pájaro, Torontontero.
Llegados a este punto, debo confesar, Manolo Escobar se hizo dueño absoluto de mi psique, y entre aporreos de guitarra y acompañamientos de muñón en mi cabeza retumbaba una y otra vez...
Torontonton
Toronto Torontontero Tero
Toronto Torontontero Tero
Toronto Torontontoooooon
(...dejo a vuestro cargo la música.....)
Así que de esta guisa, a ritmo de Torontontero (porque claro, yo no me podía estar callado), hicimos nuestra re-entrada en Canadá. De hecho, a la que nos bajábamos del avión le oí balbucear al Patriarca Ortodoxo: "РОССИЙСКОЙ ПРАВОСЛАВНОЙ АВТОНОМНОЙ ЦЕРКВИ !!!!!!!!!!!!!" (que quiere decir: "Cuanto daño ha hecho Manolo Escobar a la juventud española !!!!!! "). Pero yo ni caso; estábamos ya al otro lado del charco, y lo más difícil estaba hecho.......(Ay mísero de mi, Ay infelice).......Efectivamente estábamos en las Américas pero la parte chunga del viaje estaba por llegar.
jueves, 24 de enero de 2008
CRÓNICA DE UN VIAJE DE VUELTA DE PELICULA
2ª Parte. El aeropuerto de Toronto.
Os suena la peli La Terminal, en la que Tom Hanks se queda atrapado en un aeropuerto? Bueno, pues algo parecido sentimos nosotros en el aeropuerto de Toronto(ntooon Toronto Torontontero Tero ....es que no lo puedo evitar) durante las que fueron las 2h30 más largas de la historia.
Nos habíamos quedado en que bajábamos del avión a ritmo de..........eso.............., pasando del cura ortodoxo, del Michael Jackson de Thriller (que seguía igual) y de La familia y uno más en versión Bollywood. Pues a partir de ahí ya empezamos mal, porque el aeropuerto era enorme y no había ni un cartel. Tampoco es que esperara un luminoso que pusiera "Los de Estella por aquí" pero yo que sé, ALGO....pues nada, por no haber, no había ni un triste cartel de WC...con la falta que me hacía.....de cualquier forma después de un par de amagos de irnos por pasillos que no eran, en los que fuimos inmediatamente interceptados por agentes de seguridad (que por lo visto se esconden tras las esquinas), conseguimos encaminarnos hacia el andén que nos correspondía. Le dimos al de inmigración nuestra tarjetita en la que negábamos haber cometido crímenes contra la humanidad, y contentos y felices nos dispusimos a emprender la última etapa de nuestro viaje...
Pero no iba a ser, ni mucho menos, tan sencillo. Recién pasado el control de inmigración se me ocurre preguntarle a un oficial que a ver dónde tenemos que ir para coger el vuelo a Montreal.
-“De donde vienen ustedes?” –me pregunta, en perfecto ingles.
-“De Frankfurt” –respondo confiado.
-“Ah, muy buenas salchichas…y donde están sus maletas?”
Nada mas pronunciar esas palabras Manolo Escobar dejó paso, en mi cabeza, a la banda sonora de Tiburón.
-“Nuestras maletas? No no, esas van directas a Montreal”.
-“No sir, ustedes tienen que recoger aquí sus maletas, porque este es su puerto de entrada al país, y volver a facturarlas para Montreal”.
Claro, con 16 horas de aviones en el cuerpo, el desfase horario y habiendo comido poco y mal, solo acerté a decir:
- “Esta usted seguro?”.
A lo que, insultantemente seguro de sí mismo, respondió:
-“Ho ho ho –porque los anglófonos, y entre ellos Papa Noel, se ríen así- por supuesto que estoy seguro”.
-“Joder, pero si en Bilbao nos aseguraron…”
Para entonces el oficial ya estaba atendiendo a los siguientes.
-“Oiga…disculpe…OIGA!!
-“Yes?”
-“Es que no se si le he entendido bien; entonces tenemos que volver atrás, esperar a que salgan nuestras maletas y volver a hacer cola para facturarlas?”.
-“Eso es; pero ahora no pueden ir para atrás, porque ya han salido de la zona de tránsito”.
-“¿? Entonces!!??”.
-“Vayan a buscar la oficina de objetos perdidos y allí les explicaran”.
-“Pero es que tenemos que coger otro avión…”
-“Siguiente…”.
La oficina de objetos perdidos del aeropuerto de Toronto(ntooon) está situada al final de un pasillo sin carteles que, sinceramente, cuesta encontrar. No sé si lo han hecho a posta o no, pero no estaría de más poner en un sitio visible una oficina de oficinas perdidas para ayudarte a encontrarla. Porque tampoco ayuda mucho que guarden los objetos perdidos en un sitio que cuesta un huevo encontrar…si ya digo yo que los canadienses son muy suyos…
Allí, tras esperar pacientemente nuestro turno, nos atendió un señor de esos que desempeñan su trabajo a 5 por hora… “Claro” –pensé- “le da igual perder el tiempo porque se lo traen de vuelta a su oficina”.
-“Yes?”
Nuestros nervios estaban ya al borde del desquicie, y mi cara cada vez se parecía más a la de la adolescente árabe del avión con la bolsa de papel radiactiva.
-“Mire usted: nuestras maletas…bla bla bla…porque en Bilbao…bla bla bla…y claro tenemos otro vuelo…bla bla bla…”.
-“Entiendo”
-¿?...“De verdad?”
-No se preocupe. Mire, tienen que rellenar este papel e ir por aquel pasillo hasta que vean una torre azul con un reloj –a mí eso me sonó a un pírate-y-déjame-en-paz en versión educada con reminiscencias de Alicia en el País de las Maravillas, pero no dije nada-, y una vez allí tienen que esperar a alguien que les acompañara a por sus maletas. Eso si, como van a reentrar en la zona de tránsito no pueden llevar nada encima, así que tienen que dejar aquí sus equipajes de mano y venir a recogerlos después…” –todo esto, claro está, en perfecto inglés.
-…
-…
-…
-…
-“Me lo repita”
Y va el tío y me lo repite. Tal cual. Exigiéndole casi poderes sobrenaturales a la solitaria neurona que me quedaba, intenté retener los datos importantes: “torre azul con un reloj…esperar a alguien…recuperar las maletas…volverlas a facturar…volver a objetos perdidos…y buscar nuestro vuelo………………………….……..no nos da tiempo ni de coña”. Para ese momento yo ya llevaba un rato que sentía que me mareaba, pero ni en el mismísimo Show de Benny Hill hubieran corrido como lo hicimos nosotros por los pasillos en busca de la misteriosa Torre azul del reloj….nada por aquí…..joder cuanta gente….por aquí tampoco….apártese señora que no puedo frenar……tiene que estar por aquí….coño, el ortodoxo; pues no se ha calzado una chaqueta de Reebok el tío……….torre azul, torre azul……..un conejo blanco con un reloj en la mano…..torre azul, torre azul……..OSTIAS, LA TORRE AZUL !! Allí estaba. Maravillosa, esplendorosa, y todo lo bueno que acabe en osa que se os ocurra. Tal era el entusiasmo que me embargo y tal la velocidad que llevábamos que estuve a punto de pasármela de largo a lo Forrest Gump con los brazos levantados cual si fuera la meta de una maratón…THE WINNEEEEEERRRR….
Efectivamente en el aeropuerto de……esa ciudad hay una pequeña torre azul con un reloj, que por lo visto es lugar de encuentro…que digo yo que la podían poner en la oficina de objetos perdidos, para encontrar ya todo de una vez… Bueno, pues nosotros ya habíamos hecho nuestra parte, ya estábamos allí. Y ahora, según me chivaba mi neurona, tocaba esperar a “alguien” que nos iba a acompañar a por nuestras maletas…bueno, pues no os podéis imaginar que “alguien” resulto ser!! Ni el patriarca ortodoxo, ni el Michael Jackson en Thriller…el premio al personaje del día se lo llevo el nota que apareció, a la media hora de estar allí, por el pasillo más oscuro de todos, haciendo girar un manojo de llaves entre los dedos mientras canturreaba alguna típica canción Toronteña. Melena ajada al viento, uniforme de aeropuerto que parecía que había sido mordido una jauría de perros hambrientos, los 40 años que, muy a su pesar, empezaban a quedar ya más lejos que los 50 y en general un aire de vivitore que escandalizaría al mismísimo Papuchi. Desde el primer vistazo lo tuve claro: la versión canadiense de El Gran Levowski. Y me cayó bien. Aunque, todo hay que decirlo, desde el punto de vista de la eficiencia laboral el tipo inspiraba MUY poca confianza.
Os suena la peli La Terminal, en la que Tom Hanks se queda atrapado en un aeropuerto? Bueno, pues algo parecido sentimos nosotros en el aeropuerto de Toronto(ntooon Toronto Torontontero Tero ....es que no lo puedo evitar) durante las que fueron las 2h30 más largas de la historia.
Nos habíamos quedado en que bajábamos del avión a ritmo de..........eso.............., pasando del cura ortodoxo, del Michael Jackson de Thriller (que seguía igual) y de La familia y uno más en versión Bollywood. Pues a partir de ahí ya empezamos mal, porque el aeropuerto era enorme y no había ni un cartel. Tampoco es que esperara un luminoso que pusiera "Los de Estella por aquí" pero yo que sé, ALGO....pues nada, por no haber, no había ni un triste cartel de WC...con la falta que me hacía.....de cualquier forma después de un par de amagos de irnos por pasillos que no eran, en los que fuimos inmediatamente interceptados por agentes de seguridad (que por lo visto se esconden tras las esquinas), conseguimos encaminarnos hacia el andén que nos correspondía. Le dimos al de inmigración nuestra tarjetita en la que negábamos haber cometido crímenes contra la humanidad, y contentos y felices nos dispusimos a emprender la última etapa de nuestro viaje...
Pero no iba a ser, ni mucho menos, tan sencillo. Recién pasado el control de inmigración se me ocurre preguntarle a un oficial que a ver dónde tenemos que ir para coger el vuelo a Montreal.
-“De donde vienen ustedes?” –me pregunta, en perfecto ingles.
-“De Frankfurt” –respondo confiado.
-“Ah, muy buenas salchichas…y donde están sus maletas?”
Nada mas pronunciar esas palabras Manolo Escobar dejó paso, en mi cabeza, a la banda sonora de Tiburón.
-“Nuestras maletas? No no, esas van directas a Montreal”.
-“No sir, ustedes tienen que recoger aquí sus maletas, porque este es su puerto de entrada al país, y volver a facturarlas para Montreal”.
Claro, con 16 horas de aviones en el cuerpo, el desfase horario y habiendo comido poco y mal, solo acerté a decir:
- “Esta usted seguro?”.
A lo que, insultantemente seguro de sí mismo, respondió:
-“Ho ho ho –porque los anglófonos, y entre ellos Papa Noel, se ríen así- por supuesto que estoy seguro”.
-“Joder, pero si en Bilbao nos aseguraron…”
Para entonces el oficial ya estaba atendiendo a los siguientes.
-“Oiga…disculpe…OIGA!!
-“Yes?”
-“Es que no se si le he entendido bien; entonces tenemos que volver atrás, esperar a que salgan nuestras maletas y volver a hacer cola para facturarlas?”.
-“Eso es; pero ahora no pueden ir para atrás, porque ya han salido de la zona de tránsito”.
-“¿? Entonces!!??”.
-“Vayan a buscar la oficina de objetos perdidos y allí les explicaran”.
-“Pero es que tenemos que coger otro avión…”
-“Siguiente…”.
La oficina de objetos perdidos del aeropuerto de Toronto(ntooon) está situada al final de un pasillo sin carteles que, sinceramente, cuesta encontrar. No sé si lo han hecho a posta o no, pero no estaría de más poner en un sitio visible una oficina de oficinas perdidas para ayudarte a encontrarla. Porque tampoco ayuda mucho que guarden los objetos perdidos en un sitio que cuesta un huevo encontrar…si ya digo yo que los canadienses son muy suyos…
Allí, tras esperar pacientemente nuestro turno, nos atendió un señor de esos que desempeñan su trabajo a 5 por hora… “Claro” –pensé- “le da igual perder el tiempo porque se lo traen de vuelta a su oficina”.
-“Yes?”
Nuestros nervios estaban ya al borde del desquicie, y mi cara cada vez se parecía más a la de la adolescente árabe del avión con la bolsa de papel radiactiva.
-“Mire usted: nuestras maletas…bla bla bla…porque en Bilbao…bla bla bla…y claro tenemos otro vuelo…bla bla bla…”.
-“Entiendo”
-¿?...“De verdad?”
-No se preocupe. Mire, tienen que rellenar este papel e ir por aquel pasillo hasta que vean una torre azul con un reloj –a mí eso me sonó a un pírate-y-déjame-en-paz en versión educada con reminiscencias de Alicia en el País de las Maravillas, pero no dije nada-, y una vez allí tienen que esperar a alguien que les acompañara a por sus maletas. Eso si, como van a reentrar en la zona de tránsito no pueden llevar nada encima, así que tienen que dejar aquí sus equipajes de mano y venir a recogerlos después…” –todo esto, claro está, en perfecto inglés.
-…
-…
-…
-…
-“Me lo repita”
Y va el tío y me lo repite. Tal cual. Exigiéndole casi poderes sobrenaturales a la solitaria neurona que me quedaba, intenté retener los datos importantes: “torre azul con un reloj…esperar a alguien…recuperar las maletas…volverlas a facturar…volver a objetos perdidos…y buscar nuestro vuelo………………………….……..no nos da tiempo ni de coña”. Para ese momento yo ya llevaba un rato que sentía que me mareaba, pero ni en el mismísimo Show de Benny Hill hubieran corrido como lo hicimos nosotros por los pasillos en busca de la misteriosa Torre azul del reloj….nada por aquí…..joder cuanta gente….por aquí tampoco….apártese señora que no puedo frenar……tiene que estar por aquí….coño, el ortodoxo; pues no se ha calzado una chaqueta de Reebok el tío……….torre azul, torre azul……..un conejo blanco con un reloj en la mano…..torre azul, torre azul……..OSTIAS, LA TORRE AZUL !! Allí estaba. Maravillosa, esplendorosa, y todo lo bueno que acabe en osa que se os ocurra. Tal era el entusiasmo que me embargo y tal la velocidad que llevábamos que estuve a punto de pasármela de largo a lo Forrest Gump con los brazos levantados cual si fuera la meta de una maratón…THE WINNEEEEEERRRR….
Efectivamente en el aeropuerto de……esa ciudad hay una pequeña torre azul con un reloj, que por lo visto es lugar de encuentro…que digo yo que la podían poner en la oficina de objetos perdidos, para encontrar ya todo de una vez… Bueno, pues nosotros ya habíamos hecho nuestra parte, ya estábamos allí. Y ahora, según me chivaba mi neurona, tocaba esperar a “alguien” que nos iba a acompañar a por nuestras maletas…bueno, pues no os podéis imaginar que “alguien” resulto ser!! Ni el patriarca ortodoxo, ni el Michael Jackson en Thriller…el premio al personaje del día se lo llevo el nota que apareció, a la media hora de estar allí, por el pasillo más oscuro de todos, haciendo girar un manojo de llaves entre los dedos mientras canturreaba alguna típica canción Toronteña. Melena ajada al viento, uniforme de aeropuerto que parecía que había sido mordido una jauría de perros hambrientos, los 40 años que, muy a su pesar, empezaban a quedar ya más lejos que los 50 y en general un aire de vivitore que escandalizaría al mismísimo Papuchi. Desde el primer vistazo lo tuve claro: la versión canadiense de El Gran Levowski. Y me cayó bien. Aunque, todo hay que decirlo, desde el punto de vista de la eficiencia laboral el tipo inspiraba MUY poca confianza.
3ª Parte. El Nota.
Tras hacernos esperar otros 20 minutos, que yo aproveche para sentarme y estabilizar los canales semicirculares de mi oído interno, apareció de nuevo El Nota, me quito el papel de las manos y en medio minuto se hizo cargo de la situación.
-“A veeer….entonces tienen que estaaaaar…por aquí. Seguidme, chicos.”
Yo estaba convencido de que había escogido una dirección al azar, pero al menos, después de casi dos horas en La Terminal, nos estábamos moviendo y, en teoría, estábamos cada vez más cerca de las maletas. Fue entonces cuando Su Notísima empezó a desplegar ante nuestros ojos su verdadero poder. El manojo de llaves era su arma mágica, y con él abría cuanta puerta se le ponía por delante. Incluso algunas que no valían para nada: abría, miraba dentro, y decía: “Mejor por allí”, y la volvía a cerrar. Nosotros le seguíamos como los patitos a la mama pata el día de la primera salida al exterior: lo más cerca posible y casi sin mirar a los lados. Pero El Nota estaba en su elemento y se movía con total soltura en un mundo subterráneo de pasillos mugrientos, cuartuchos de mala muerte –con agentes de seguridad que nos miraban como si hubiéramos respondido SI a la pregunta de los crímenes contra la humanidad- y pasadizos que comunicaban galerías que a su vez conectaban las diferentes terminales. En un momento de aquel angustioso tour bajo tierra, incluso creí sentir en mi nuca el aliento de un Nazgul escapado con vida de El Señor de los Anillos. Yo por si acaso, no miré para atrás.
Finalmente, detrás de la puerta número 4357, apareció el gigantesco andén con las ridículas cintas transportadoras que ponen tus maletas a disposición de cualquier avispado. En eso iba pensando yo, más que nada porque las nuestras, de haber salido por ahí, llevarían sin vigilancia como 2 horas. El Nota sacó otra de sus armas secretas, un interferocomunicador de ondas hertzianas con línea directa a los dioses del aeropuerto (vamos, un walkie talkie), e hizo un par de rápidas consultas.
-“This way, guys!”
Por nosotros como si hubiera dicho sus-voy-a-matar-a-palos, no nos pensábamos despegar de él ni un celímetro. Para cuando nos pregunto por el color de las maletas, ya habíamos visto la primera. DIOOOOOOOOOOOS!! Ni El Orgasmatrón de Woody Allen reprodujo jamás aquel placer sublime. “Y la otra? Tiene que estar…. DIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOSSSSS LA OTRA!!!!!!! También está la otra!!”. Las dos maletas en cosa de 10 segundos! Siiiiiiiiiiiiiiii!!!! Rápido, cuánto tiempo queda para que salga el avión? 30 minutos raspados. Eeehhhh….
-“Excuse me! Eeeehhhh We have Eeeeehhh another flight Eeeehhh in 30 minutes”
-“Don´t worry. It’s time enough. Follow me!”
Ooooohh como me gusto aquel Don’t worry. Si me hubieran dicho allí mismo Te ha tocado la lotería no lo hubiera disfrutado tanto. Después de dos horas de intranquilo silencio, en mi cabeza se abrió paso un nuevo compás….el gran Bobby McFerrin cantaba para mí…….
UUuuuhhhhhhh Don’t worry Uuuuuhhhhhh Be happy Uuuuhhuuu
Si te han perdido las maletas, pero El Nota está contigo
Don’t worry Uuuuuhhhhhh Be happy Uuuuuhhhhhh
Ahora ya no cabían dudas. Estábamos salvados. El Nota, Su Notísima, el más grande de los Grandes Levowskis que han existido jamás se hacía cargo de todo. Pasábamos los controles como los pasan los altos mandatarios, a la voz de “Vienen conmigo”. Y yo con el ritmillo en el cuerpo Uuuhh Don’t Worry…Yes!!.
Así llegamos a nuestra penúltima parada. La re-facturación de nuestras maletas. “Esto está hecho!” pensé.
-“Pues nada” –nos dice nuestro ángel de la guarda- “simplemente pongan ahí sus maletas y…”
-“UN MOMENTO!!” –Bobby McFerrin es estrangulado a traición por la música a toda pastilla de Tiburón.
-“Pero qué…?”
No me lo puedo creer. El oficial hijoputa del principio. El que nos soltó todo el rollo en 10 segundos y no nos dijo ni donde estaba la oficina de objetos perdidos.
-“No llevaran ustedes en las maletas algo de comida?”
Comida? Qué querrá decir este tío cuando dice…? Acaso se refiere a…? Fue en ese momento, aprovechando que Los Ocultos de Dark City habían detenido el tiempo, cuando despertó, como por arte de magia, mi neurona.
“Álvaro, NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota. NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota. NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota………………….………NI dos botellas de patxaran. NI dos botellas de patxaran. NI dos botellas de patxaran.”
El reloj volvió a moverse y, saliendo de mi ensimismamiento, acerté a articular, eso sí, en perfecto inglés:
-“No”
-…
-…
-…
-“Está bien, pueden continuar”.
Buffffffff. Por qué pocooooo!! De todas formas, es lo que tiene saber idiomas. Qué bien me salió el No. En ese momento cobraron sentido todos los años de academia de inglés de mi vida……gracias papá, gracias mamá…..
Ahora sí, estaba todo hecho. Nuestras maletas con el medio kilo de jamón ibérico de bellota y las dos botellas de patxarán estaban, por fin, rumbo a Montreal. Jódete hijoputa de aduanero!! Esta vez te quedas sin bocata de jamón para almorzar! Y me acordaré de tí cuando me lo esté pimplando en mi casa!! Mala gente, hombre!
Ni que decir tiene que la despedida del Nota, ya en frente de la oficina de objetos perdidos, fue dura.
-“Si alguna vez vas por España….o por Montreal…..si necesitas un amigo…….QUE TE QUIERO, TIO!!!!”. –Le dí la mano, con toda la efusividad que me permite mi heterosexualidad, y le vi perderse, con su melena al viento, por el pasillo más oscuro del aeropuerto. Volvía a canturrear la misma cancioncilla de la primera vez, pero ahora sí que su melodía llegó a mis oídos. Allá iba, marcando el ritmo con el manojo de llaves, y canturreando en perfecto inglés:
Torontonton Toronto
Tras hacernos esperar otros 20 minutos, que yo aproveche para sentarme y estabilizar los canales semicirculares de mi oído interno, apareció de nuevo El Nota, me quito el papel de las manos y en medio minuto se hizo cargo de la situación.
-“A veeer….entonces tienen que estaaaaar…por aquí. Seguidme, chicos.”
Yo estaba convencido de que había escogido una dirección al azar, pero al menos, después de casi dos horas en La Terminal, nos estábamos moviendo y, en teoría, estábamos cada vez más cerca de las maletas. Fue entonces cuando Su Notísima empezó a desplegar ante nuestros ojos su verdadero poder. El manojo de llaves era su arma mágica, y con él abría cuanta puerta se le ponía por delante. Incluso algunas que no valían para nada: abría, miraba dentro, y decía: “Mejor por allí”, y la volvía a cerrar. Nosotros le seguíamos como los patitos a la mama pata el día de la primera salida al exterior: lo más cerca posible y casi sin mirar a los lados. Pero El Nota estaba en su elemento y se movía con total soltura en un mundo subterráneo de pasillos mugrientos, cuartuchos de mala muerte –con agentes de seguridad que nos miraban como si hubiéramos respondido SI a la pregunta de los crímenes contra la humanidad- y pasadizos que comunicaban galerías que a su vez conectaban las diferentes terminales. En un momento de aquel angustioso tour bajo tierra, incluso creí sentir en mi nuca el aliento de un Nazgul escapado con vida de El Señor de los Anillos. Yo por si acaso, no miré para atrás.
Finalmente, detrás de la puerta número 4357, apareció el gigantesco andén con las ridículas cintas transportadoras que ponen tus maletas a disposición de cualquier avispado. En eso iba pensando yo, más que nada porque las nuestras, de haber salido por ahí, llevarían sin vigilancia como 2 horas. El Nota sacó otra de sus armas secretas, un interferocomunicador de ondas hertzianas con línea directa a los dioses del aeropuerto (vamos, un walkie talkie), e hizo un par de rápidas consultas.
-“This way, guys!”
Por nosotros como si hubiera dicho sus-voy-a-matar-a-palos, no nos pensábamos despegar de él ni un celímetro. Para cuando nos pregunto por el color de las maletas, ya habíamos visto la primera. DIOOOOOOOOOOOS!! Ni El Orgasmatrón de Woody Allen reprodujo jamás aquel placer sublime. “Y la otra? Tiene que estar…. DIOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOSSSSS LA OTRA!!!!!!! También está la otra!!”. Las dos maletas en cosa de 10 segundos! Siiiiiiiiiiiiiiii!!!! Rápido, cuánto tiempo queda para que salga el avión? 30 minutos raspados. Eeehhhh….
-“Excuse me! Eeeehhhh We have Eeeeehhh another flight Eeeehhh in 30 minutes”
-“Don´t worry. It’s time enough. Follow me!”
Ooooohh como me gusto aquel Don’t worry. Si me hubieran dicho allí mismo Te ha tocado la lotería no lo hubiera disfrutado tanto. Después de dos horas de intranquilo silencio, en mi cabeza se abrió paso un nuevo compás….el gran Bobby McFerrin cantaba para mí…….
UUuuuhhhhhhh Don’t worry Uuuuuhhhhhh Be happy Uuuuhhuuu
Si te han perdido las maletas, pero El Nota está contigo
Don’t worry Uuuuuhhhhhh Be happy Uuuuuhhhhhh
Ahora ya no cabían dudas. Estábamos salvados. El Nota, Su Notísima, el más grande de los Grandes Levowskis que han existido jamás se hacía cargo de todo. Pasábamos los controles como los pasan los altos mandatarios, a la voz de “Vienen conmigo”. Y yo con el ritmillo en el cuerpo Uuuhh Don’t Worry…Yes!!.
Así llegamos a nuestra penúltima parada. La re-facturación de nuestras maletas. “Esto está hecho!” pensé.
-“Pues nada” –nos dice nuestro ángel de la guarda- “simplemente pongan ahí sus maletas y…”
-“UN MOMENTO!!” –Bobby McFerrin es estrangulado a traición por la música a toda pastilla de Tiburón.
-“Pero qué…?”
No me lo puedo creer. El oficial hijoputa del principio. El que nos soltó todo el rollo en 10 segundos y no nos dijo ni donde estaba la oficina de objetos perdidos.
-“No llevaran ustedes en las maletas algo de comida?”
Comida? Qué querrá decir este tío cuando dice…? Acaso se refiere a…? Fue en ese momento, aprovechando que Los Ocultos de Dark City habían detenido el tiempo, cuando despertó, como por arte de magia, mi neurona.
“Álvaro, NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota. NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota. NO llevas en la maleta medio kilo de jamón ibérico de bellota………………….………NI dos botellas de patxaran. NI dos botellas de patxaran. NI dos botellas de patxaran.”
El reloj volvió a moverse y, saliendo de mi ensimismamiento, acerté a articular, eso sí, en perfecto inglés:
-“No”
-…
-…
-…
-“Está bien, pueden continuar”.
Buffffffff. Por qué pocooooo!! De todas formas, es lo que tiene saber idiomas. Qué bien me salió el No. En ese momento cobraron sentido todos los años de academia de inglés de mi vida……gracias papá, gracias mamá…..
Ahora sí, estaba todo hecho. Nuestras maletas con el medio kilo de jamón ibérico de bellota y las dos botellas de patxarán estaban, por fin, rumbo a Montreal. Jódete hijoputa de aduanero!! Esta vez te quedas sin bocata de jamón para almorzar! Y me acordaré de tí cuando me lo esté pimplando en mi casa!! Mala gente, hombre!
Ni que decir tiene que la despedida del Nota, ya en frente de la oficina de objetos perdidos, fue dura.
-“Si alguna vez vas por España….o por Montreal…..si necesitas un amigo…….QUE TE QUIERO, TIO!!!!”. –Le dí la mano, con toda la efusividad que me permite mi heterosexualidad, y le vi perderse, con su melena al viento, por el pasillo más oscuro del aeropuerto. Volvía a canturrear la misma cancioncilla de la primera vez, pero ahora sí que su melodía llegó a mis oídos. Allá iba, marcando el ritmo con el manojo de llaves, y canturreando en perfecto inglés:
Torontonton Toronto
Torontontero Tero
Toronto Torontontero Tero
Toronto Torontontoooooon………
El de la oficina de objetos perdidos nos devolvió nuestras cosas, fingiendo que las habíamos perdido (la costumbre). Nosotros, a su vez, le dimos las gracias por haber encontrado tiempo para nosotros (aunque creo que no lo pilló) y nos fuimos, ahora sí, a pillar el último y definitivo vuelo que nos llevaría a Montreal.
En resumen, que como decía al principio, el Ulises ese en comparación con nosotros estuvo de vacaciones con todo incluido.
Alvaro
El de la oficina de objetos perdidos nos devolvió nuestras cosas, fingiendo que las habíamos perdido (la costumbre). Nosotros, a su vez, le dimos las gracias por haber encontrado tiempo para nosotros (aunque creo que no lo pilló) y nos fuimos, ahora sí, a pillar el último y definitivo vuelo que nos llevaría a Montreal.
En resumen, que como decía al principio, el Ulises ese en comparación con nosotros estuvo de vacaciones con todo incluido.
Alvaro
Suscribirse a:
Entradas (Atom)